miércoles, 7 de marzo de 2007

sobre cómo violé a un limonero (II)


Ayer contaba por messenger a un amigo cómo aún no h encontrado la nueva forma de escribir en la que me sienta cómoda. Están pasando muchas cosas dentro, que empiezan a tener repercusión fuera. Me siento con las manos atadas al no encontrar esa nueva gramática que me permita moverme en un lugar cómodo donde poder explicar las nuevas cosas que acontecen. Es por eso que no escribo, es por eso que se quedan muchas cosas en el tintero. Cosas que dejo de escribir por miedo a obtener un terrible texto sin pies ni cabeza, sin las suficientes metáforas y adjetivaciones a las que acostumbraba y sin finales redondos o inacabados y conmovedores. Digamos que paso de contar una realidad inventada, a observar y vivir con rigor y pasión asuntos que aún no logro expresar. Que se acabaron las metáforas sublimes. Que poseo más rigor, no raciocinio. Más interés.

Que abrí éste nuevo blog al margen de los antiguos curiosos para tener la libertad de explorar en mi, mi lenguaje y cagarla con textos absurdos y sin interés. Pero parece ser que ni siquiera quiero cargarme a mí misma con ese tormento. De abrir la página y verlos ahí, día a día.

Que tengo que perder el miedo a producir mediocridad.

1 comentario:

  1. Me alegra que te haya gustado mi blog, yo también seguiré el tuyo de cerca, parece que tienes un estilo peculiar escribiendo ;-) Por curiosidad, ¿cómo llegaste a mi blog? Creo que no es fácil de encontrar de casualidad por ahí.

    Un saludo

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