martes, 12 de junio de 2007

versionando: violeta

Y recuperar algún pensamiento violeta como por ejemplo...
Me levanté un día como hoy más o menos un rato antes de la hora. Y pensé un pensamiento-violeta (que espero que no tenga nada que ver con el color de la pared que encuentro ante mis ojos nada más despertar).
Recostada sobre la cama propiamente dicha, de propiedad familiar. ¿cama? ¿debería decir cama? Todo el mundo entiende la palabra, ¿no? ¿O debería decir especie de camastro de algodón y otros materiales sobre cuatro patas metálicas?
Me levanté en una casa, propiedad familiar. ¿casa? Casa desde que el hombre (homo sapiens sapiens) decidió abandonar su condición de nómada o de vida itinerante para establecerse en un lugar más o menos estable. El homo sapiens sapiens escogió la estabilidad.
Aparece el concepto de habitar y con él el de hogar junto con el cultivo, la ganadería y la consiguiente transformación o adaptación de la naturaleza a las necesidades del hombre. A partir de entonces, el sometimiento de la naturaleza a sus necesidades lo denominaremos “civilización”. Y a la persona que se opone a ello y pretende la integración de las partes con el todo (como el ideal de belleza de la cultura clásica) y no posee un hogar, no habita y no somete, por tanto no puede incluirse dentro de la sociedad civilizada. Será llamado salvaje, mendigo o loco. Que en éste caso vendrán a ser sinónimos.

Fue éste el momento en el que el hombre decidió otorgar parte de sus libertades para conseguir otras. Ese justo momento en que decidió vivir en sociedad. Vivir en un escenario de hormigón y leyes creando por él y para él. “Porque es lo mejor” “porque es así y tú no vas a cambiarlo”. En un escenario de hogares de hormigón que ahogan la tierra, de 12+2 pagas anuales-con suerte- y una semana de vacaciones en Benidorm en agosto, de casarte por lo civil que ahora se lleva más, de comprar en Zara, llevar sujetados, tener 1,2 hijos, follar 1 día a la semana con tu marido, tener un perro, vivir en una colmena de protección oficial en Móstoles, ir el domingo al cine y comprarte el libro del que leíste aquel artículo en Babelia en el Fnac.

1 comentario:

  1. Todo está calculado al milímetro, todo está bajo control: sabes dónde vas a vivir, cuántos hijos vas a tener, cuántas veces vas a follar y seguramente con quién, cuántas veces vas a cobrar, qué vas a vestir y sabes dónde vas a ir cuando no trabajes.

    Todavía quedan más cosas por controlar... ahí debe estar la gracia de nuestro estilo de vida.

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cuando sabes que no tienes nada que perder
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