jueves, 28 de agosto de 2008

cosificando

Yo tenía un bolso, grande y rojo, con unos cuántos sueños dentro y una rana contestataria, de esas que te cuentan que se convertirá en príncipe, pero que tras muchas noches madrileñas y menos cuentos de la media lunita ya no crees y te la llevas, pero sólo por simpática.
Llevaba también algunas hojas secas y molinillos de éstos blancos suaves, como con pelos –cuyo nombre no recuerdo-, por eso de recordar el otoño y la primavera, y los maravillosos pasos intermedios (y los escalones a medias), los “ahora todo será diferente" y todas las nuevas oportunidades y buenos propósitos creados según la rotación terreste y la meteorología, para justificar cambio de humor,
life is a rollercoaster, me decían, y unas cuántas excusas más que me guardo en la manga.
Un montón de quieros y quizás de recambio, que las cosas ya no duran como antes.
Un lápiz, siempre, y algún papel, porque nunca sabes quién va a poder desear –sin saberlo- tu número de teléfono.
Algo rojo, algo verde.
Un libro, siempre, porque nunca sabes cuándo te vas a tener que hacer la interesante en el metro.
Una libreta, siempre, para escribir, porque nunca sabes cuándo te vas a tener que hacer la interesante en un bar de luz tenue y mesas de madera junto a un café.

1 comentario:

  1. .. A ti no te hace falta hacerte la interesante... ay.. qué mal me sienta la cerveza ;)..

    ResponderEliminar

cuando sabes que no tienes nada que perder
el universo conspira porque alcances tus objetivos