jueves, 2 de octubre de 2008

Me hace gracia

que me digas que de mí aprendiste a no comprometerte con nadie. A amarte sobre todo(s), a valorar la soledad. A no permitir exigencias contractuales en las relaciones. Me cuentas que era/ soy bipolar, y te ríes. Me gusta mirarte y ver tu sonrisa de siempre, pero distinta. Me gusta el tiempo que ha pasado. Me gusta ver lo bien que nos ha sentado -bueno, creo que mejor a mí-. Y tardar dos horas en tomar un té y -vaya, llego tarde a clase, no me había dado cuenta-.

Me dicen también -"hace mucho que no se de ti, y porque .. seamos sinceros.. siempre me has parecido antisocial y en contra de la gente..."-
Me dicen también -"en los dos últimos meses te he conocido más que en cuatro años".-
Si no escribo más porque estoy a punto de estallar de palabras. Porque hacía mucho que no tenía nada que decir y ahora sale a borbotones en orgasmos a cada hora de versos, abrazos improvisados, piel, lágrimas -muchas, que tengo la regla-, sonrisas, cervezas, y yo estoy ardiendo. Arrasando a cada paso roles, máscaras y muros. La palabra lágrimas me va a terminar gustando, casi la siento, y disculpa si lloro mucho últimamente, pero es que me emociono con cada cosa que descubro cada minuto. De mí, de tí, de mí. Porque hace tiempo -demasiado- que no escuchaba tanto, ni miraba, ni (me) emocionaba, ni compartía, ni te hacía cómplice, ni te seducía.
Perdí, pero vuelve a repartir las cartas porque, a partir de ahora, vas a flipar.

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