sábado, 30 de agosto de 2008

click


El vacío se estructura y las sombras flanquean el infinito, en un juego interminable de paredes. Atraviesa el espejo, el que refleja tus circunstancias y tu propia pared. Enfoca la imagen que interrumpe en la bruma de tus sueños y salta, salta por ella.
Silbidos que subían y bajaban junto con gritos, los de la imagen que trastoca su pensamiento.
Indaga tu mirada en el espacio estás en él, participa de él y entiende que fue hecho para ti.
Cuando llores será tuyo, mientras, existe entre sus paredes, entiéndelas porque forman parte de ti.

La infinitud es doble sospecha. Se diría que todo no es más que un espejo.

jueves, 28 de agosto de 2008

cosificando

Yo tenía un bolso, grande y rojo, con unos cuántos sueños dentro y una rana contestataria, de esas que te cuentan que se convertirá en príncipe, pero que tras muchas noches madrileñas y menos cuentos de la media lunita ya no crees y te la llevas, pero sólo por simpática.
Llevaba también algunas hojas secas y molinillos de éstos blancos suaves, como con pelos –cuyo nombre no recuerdo-, por eso de recordar el otoño y la primavera, y los maravillosos pasos intermedios (y los escalones a medias), los “ahora todo será diferente" y todas las nuevas oportunidades y buenos propósitos creados según la rotación terreste y la meteorología, para justificar cambio de humor,
life is a rollercoaster, me decían, y unas cuántas excusas más que me guardo en la manga.
Un montón de quieros y quizás de recambio, que las cosas ya no duran como antes.
Un lápiz, siempre, y algún papel, porque nunca sabes quién va a poder desear –sin saberlo- tu número de teléfono.
Algo rojo, algo verde.
Un libro, siempre, porque nunca sabes cuándo te vas a tener que hacer la interesante en el metro.
Una libreta, siempre, para escribir, porque nunca sabes cuándo te vas a tener que hacer la interesante en un bar de luz tenue y mesas de madera junto a un café.

lunes, 25 de agosto de 2008

in.cierto

Verás, es que sólo pasaba por aquí para sacarte los ojos.
Y me da igual que no entiendas nada por que he aprendido que todo puede ser su sinónimo., que da igual muerto que vivo, que reír y llorar son palabras intercambiables y que por mucho que grites y manche de tu sangre y la mía toda la habitación no voy a ser capaz de saciar el hambre que me trae hoy aquí. Cometiste el ¿error? de dejarme las llaves de tú casa y yo cometí el ¿error? de traer hasta aquí mis maletas. Fuera llueve demasiado para mi atormentada cabeza y de mí paraguas no queda más que unas cuantas varillas, lo que lo hace indigno de éste mundo para muchos de vosotros. Gente como tú, como cualquiera. Voy a matarte a tí, porque me da igual uno que otro. Porque todo es uno y muerte es sinónimo de vida. Porque haces o alguna vez has hecho daño al mundo, como yo, y no me apetece hoy marcharme sola. No intento justificar toda ésta sangre, porque nada es y todo son interpretaciones. HOY se cierra el telón. Ha dejado de existir ésta luna, ésta cortina y éstos condones. No existen cosas porque nadie las piensa, ni sentimientos porque nadie los interpreta. El mundo está vacío, porque ha dejado de interpretarse. SER no es nada.
Siéntate en ése rincón.
Pondré algo de música.


Basta.

lunes, 18 de agosto de 2008

sin punto y aparte

Tenía la necesidad, brotando desde algún lugar oscuro y húmedo de mí, de escribir, de decir algo. Rondaba por mi cabeza la idea “poner frenos a las cosas para seguir sintiendo que tengo poder sobre ellas.” Dejando de necesitar y más observando y mirando. Pensando en toda la gente que transforma, decora, vuelca la banda sonora de mis días y en “tenemos que entrar” de Platero, que Platero –junto con la luna llena de antes de ayer- me están aportando muy buen rollo. Y el alma abierto de par en par, recibiendo todas las flechas y todo el sol. Amando las rosas con espinas, siempre; uno –o dos- ases en la manga, por lo que pueda pasar, tizas en los bolsillos para dibujar rayuelas allá donde pisen mis pies, menos casas y más hogares, cada vez más ubicuos, cada vez más “da igual dónde”. Donde están mis pies me vale. Y mis ojos, coleccionando miradas, y mis manos, que no pueden dejar de buscar porque antes de ayer descubrieron lo que es el tacto. Y el tacto es viento y el viento... creo que me he enamorado de él, y escucho que me llama desde el Otoño. Estoy ansiosa de que lleguen los marrones y naranjas, buscar el sol tímido entre las ramas que te da en la cara, meter mis manos heladas en tus bolsillos y aprender a reírme entre la lluvia. De equipaje... ¿qué equipaje llevaría una flor? Pienso en un paraguas, por las lluvias y los pétalos tan frágiles. Y recuerdo que hace unos años alguien me llamaba Juana de Arco y un día Juana se vió inmersa en lío jodido y me dijeron que cogiera el paraguas, que me lo ofrecía, que a veces está bien aceptar la mano del otro. Ego a un lado, lo cogí y escribí algo así como el estribillo de una canción que decía: “Super Juana coge el paraguas...”
Para Otoño, quizás un sombrero y una pipa. Una bufanda muy muy larga, de las que me gustan, y un abrigo verde, claro. Cómo si no.

Marcho a la aventura unos días, mochila a la espalda, algún que otro libro, música. Preparáos a la vuelta. ¿Qué equipaje llevaría una flor?

domingo, 17 de agosto de 2008

agosto en rojo

Ven, asómate a mi precipicio, pero sólo en luna llena
porque quiero amarte sólo cuado tenga frío
y quiero dejarte cuando llueva y cuando haga demasiado calor.
Y pensarte, siempre, y excitarme a 600 km de tu olor, abandonarme al mundo, que es entregarme a ti, y quitártelo todo tras el último beso, y justo después, tras tu marcha, dártelo en mis pensamientos. Y no morir nunca y morir a cada roce de piel, atraversarme el alma con tus dedos, naufragar a cada palabra, follar en verso, y bailar como sólo saben nuestros cuerpos.
Me encanta echarte de menos y no, y que cada día sea una vida y no recuerde que ayer –también- bailé contigo. Adoro descubrirme entre tus dedos y definirme en tus labios. Adoro que acertar, dudar, afirmar, pasar miedo, retar, follar, disfrutar y llorar puedan formar parte de la misma realidad.
Esto queda en un trío, entre tú, yo y la vida.
Como escenografía, varias cajas de jadeos y sudor. Quiero amarte unas cuantas noches más, penetrar tu alma, y navegar por el fondo de tu mar. No sé que le hicimos al tiempo, que juega a su antojo con nuestras vidas, se dilata y expande sin atender a la lógica ni a nuestros deseos, y marzo se me antoja demasiado lejos y las noches, siempre, demasiado cortas.
Te deseo. Deseo tus bosques como nadie nunca lo ha hecho. Quiero conocer a la última hoja del último puto seto de la ladera de esa montaña, que un día avisté, y aún no he sido capaz de saciar mi sed.
Siento que podría seguir escribiendo líneas y líneas infinitas llenándote de palabras desestructuradas, vomitadas directamente sobre teclado y sin revisión. Pero me pongo nerviosa pensando en cómo me mirarás cuando me veas ésta noche, y me tienda en tu cama, y no puedo seguir.