domingo, 26 de octubre de 2008

búsquedas im.posibles

Nunca dejará de sorprenderme éste buscador. Vaya tela.

miércoles, 22 de octubre de 2008

c/ Quintana

martes, 14 de octubre de 2008

mi nuevo lenguaje


He empezado, y ya no puedo parar. Supongo que (me) pasa con todo.
El otoño me va regalando mucha piel, autodestrucción, carne, botas nuevas, humedad, pocas/muchas hojas, melancolía a la hora del earl grey con leche y nata batida...mmmmmmm
Lágrimas ya no,
muchas letras. Hay más música en mis ojos, ¿no lo escuchas? Miles de burbujas estallan contra el suelo a mi paso. Todo es más naranja, todo es más tacto, más imagen, más húmedo, y menos vaho de ducha y nubes contra el tejado. Un montón de violencia interna agolpada contra mis paredes dispuesta a echar ventanas y puertas abajo, intimando con mis manos y mis cuerdas vocales y sólo quiere salir en forma de letras y sudor. Últimamente tiendo a pensar el sudor como nueva forma de expresión. Sudor y letras, y nos marcamos una performance.
Aún no sé si me gusta como me miras. Déjame un par de cervezas más para pensarlo. Lo sé. Me he cortado demasiado el flequillo y ésta es una nueva barra de labios. Háblame de tí, que nunca me gustó ser siempre la que habla. Me fio más de los silencios.
De momento, me morderé la lengua, porque hay cosas que es mejor no pronunciar... por si se vuelven reales.
Sonrío. Estoy aprendiendo a utilizar mis manos... y mis labios.

De regalo, ésta canción, porque no he podido pensar en otra tras sacar éstas imágenes...

lunes, 13 de octubre de 2008

de andenes (II)

Sabina decidió pensar y decir a partir de ese día las cosas una sola vez.
Para que no se convirtieran en promesas manidas, ni futuras objeciones escépticas, ni para ocupar su cabeza de palabras raídas y ajadas. Desde que murió su perra Claudine sabía que la vida era muy corta, así que se liberaba de todo ese peso de levedades entintando servilletas. Ella sabía que las cosas sólo existen en su cuaderno marrón o alguna ráfaga de viento que se llevó unos cuantos te quieros salidos de una boca ya tan ajena, que debe andar levantando alguna falda de alguna japonesa.
Sonríe al imaginarlo. Porque esos átomos de aire son los mismos que habitaban un mismo espacio y dos bocas, pero es absolutamente otro, el mismo en algún otro recuerdo entre sábanas y pequeñas gotas de tinta negra. El mismo sólo para ella. Igual, distinto, qué más da. Pero otro, renovado, y haciendo de las suyas. Haciendo sonreír a alguien y llorar a otros.
Sabina adora los andenes y tiene cierta inclinación de niña mimada a la melancolía. Es un pequeño placer sangriento y gris del que le gusta disfrutar a solas en esos lugares de nadie, de encuentros, pañuelos, maletas, lágrimas, hierro, cemento y bancos.
Sabina lleva un abrigo verde, una maleta roja, y un pañuelo en el bolsillo para cuando alguien se va.

domingo, 12 de octubre de 2008

d-o-m-i-n-g-o

sábado, 11 de octubre de 2008

mejores cartas



Aprendí a vivir de las nubes porque,
en ocasiones,
no había cerveza en la nevera.
Entre edredones de plumas y demasiadas letras,
viviendo los bares,
las conversaciones
y los polvos en fascículos.
Los cuatro kilos que me faltan los invertí en lágrimas
y catarsis varias de licor café,
batidos de chocolate
y algo de lencería.
Me gustaría contar que ayer los pájaros me contaron una historia,
eran cientos de ellos, reunidos entre las ramas de un árbol de 5 pisos
y me gritaban hasta que me acerqué a la ventana más cercana.
También contaría que, en cuanto te descuidas,
existe una parada de metro que se llama Bambú,
y es cierto.
Tengo un montón de historias en la palma de la mano
que están esperando un suspiro para saltar
y hacer volar por los aires mi universo,
y yo no paro de desearlo,
Pero miro hacia otro lado,
aún, por si acaso...
Por si acaso me gusta demasiado y yo aquí,
con éstos pelos, reciclando besos
y borrando fechas de caducidad
grabadas a fuego entre mis muslos.

martes, 7 de octubre de 2008

Manifiesto de Otoño IV


No sé quién dijo que los lunes son lo días más duros de la semana. Son los martes, que es cuando despiertas.
Tras unos meses, demasiado vuelve a inundar el sentido de todo. Lástima que no sea por los mismos motivos.
Sigo viva, ¿no ves que respiro?

domingo, 5 de octubre de 2008

jueves, 2 de octubre de 2008

Me hace gracia

que me digas que de mí aprendiste a no comprometerte con nadie. A amarte sobre todo(s), a valorar la soledad. A no permitir exigencias contractuales en las relaciones. Me cuentas que era/ soy bipolar, y te ríes. Me gusta mirarte y ver tu sonrisa de siempre, pero distinta. Me gusta el tiempo que ha pasado. Me gusta ver lo bien que nos ha sentado -bueno, creo que mejor a mí-. Y tardar dos horas en tomar un té y -vaya, llego tarde a clase, no me había dado cuenta-.

Me dicen también -"hace mucho que no se de ti, y porque .. seamos sinceros.. siempre me has parecido antisocial y en contra de la gente..."-
Me dicen también -"en los dos últimos meses te he conocido más que en cuatro años".-
Si no escribo más porque estoy a punto de estallar de palabras. Porque hacía mucho que no tenía nada que decir y ahora sale a borbotones en orgasmos a cada hora de versos, abrazos improvisados, piel, lágrimas -muchas, que tengo la regla-, sonrisas, cervezas, y yo estoy ardiendo. Arrasando a cada paso roles, máscaras y muros. La palabra lágrimas me va a terminar gustando, casi la siento, y disculpa si lloro mucho últimamente, pero es que me emociono con cada cosa que descubro cada minuto. De mí, de tí, de mí. Porque hace tiempo -demasiado- que no escuchaba tanto, ni miraba, ni (me) emocionaba, ni compartía, ni te hacía cómplice, ni te seducía.
Perdí, pero vuelve a repartir las cartas porque, a partir de ahora, vas a flipar.

miércoles, 1 de octubre de 2008

de andenes

Sabina siempre quería jugar –y hacer trampas- pero no le gustaba nada perder. Ella sabía que las lágrimas siempre al abismo de unas malas cartas la colocaban en una posición de debilidad nada recomendable. Pero le gustaba mantenerse bajo esa ingenuidad de mujer de ojos verdes llorando en un bar.
Bajo la filosofía de as en la manga y una cerveza en la mano iba dando permiso a los días para que pasaran bajo su falda y el invierno no la acompañara entre las sábanas.
Compró un rollizo abrigo gris –también caro-, un sombrero y nos zapatos de tacón, como atrezo otoñal, para abatir las caídas –de hojas-.
Hoy llora porque llora. Porque siente. A veces vive más a cada lágrima que a caricias ajenas. A las tuyas o a las de cualquiera.
Nunca se acostumbró a que la quisieran, por eso va de andén en andén, arrastrando maletas, llenas de nada y algún libro. No quiere más.
Sabina siempre me dice que reír y llorar es lo mismo. Yo le digo que es lo mismo amar y odiar. Y las dos tenemos razón.